He personificado, al escribir, a muchachas y a un par de mujeres de mediana edad que estuvieron en casa ayudando a mi madre o llevando la casa cuando ella no podía, y solo una de ellas se llamaba María, pero las recuerdo muy bien, y lo que decían. Y lo bien que se portaron conmigo, y lo que me enseñaron, especialmente en cuanto a lenguaje. Por ejemplo, una de ellas que tuvo un día unas palabras con la vecina que era muy morena, oí que mientras yo leía de buena mañana en la cama, la concluyó llamando «blanca flor de chimenea», y ahí quedó la cosa. Así que esta María tenía una imaginación gongorina, ciertamente.
de cuatro o cinco da la oca el brinco y de puente a puente discurre la corriente; la posada tiene las camas hechas y a Juan Palomeque, con libros le pagan. Fijos de la partida: don Quijana dueño del laberinto, Taciano dueño del pozo, Hilario funcionario de defunciones, el carcelero Heriberto y Juan Palomeque. El vino siempre tinto y a ser posible de La Mancha .
14 octubre 2020
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